EL DERECHO AL PLACER de Alejandro J. Plaza

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el derecho al placerEl día que me matasteis os oí entrar por la puerta. Escuché como cuchicheabais nerviosos en el salón. Entrasteis en el cuarto sigilosamente y os pusisteis uno a cada lado de la cama. Fingí que tenía los ojos cerrados cuando sacaste el cuchillo, y no hice ningún movimiento cuando la vi sacar del bolso aquel frasco tapado con un pañuelo. Aunque supuse que un tapón así no es para evitar que se desbrave el espumoso.

Sentí cuando pusiste tu mano en mi boca, esa mano que tantas veces me acarició y supo desenvolverse tan hábilmente en mi sexo. El dolor del cuchillo atravesando mi abdomen, desgarrándome por dentro, no fue nada en comparación con el día que supe que eras feliz en la alcoba de otra, el día de mi primera muerte. Traté de resistir el instinto de mi propio cuerpo por sobrevivir y recibí tus puñaladas en silencio. Incluso observé como esa fulana me rociaba y prendía fuego a mi vida. No dije nada porque sabía que cuando acabarais, brindarías con un Jerez. Nadie tiene derecho a quitarte ese placer.

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