RELATOS MARRANOS

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Se trata de una colección de relatos cochinos y pornográficos. Hay historias de prostitutas transexuales, fantasías, poemas y mucho sexo, pero desde un punto de vista divertido, erótico y bastante feminista. Cuando empiezas a leer un relato, no sabes si es de heteros, gays, lesbianas o qué. ¡Sorpresa! Además, también hay conversaciones sobre maternidades subversivas o la charla de una nieta con su abuela, en la que hablan del sexo en la tercera edad. Muy interesante. Os paso el enlace de uno de los relatos. https://relatosbrutales.wordpress.com/…/h…/brigitte-vasallo/ Y la conversación sobre orgasmos en el parto (!!!) https://relatosbrutales.wordpress.com/…/heroe…/maria-llopis/

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PASOS A SEGUIR PARA OTRO DÍA DE MIERDA

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manuel-pujante

Levántate a deshora, tarde,
muy poco descansado y empapado en sudor,
con ese mal cuerpo de las siestas demasiado largas,
come cualquier cosa, come mal y fuma hasta que escueza,
recuerda alguna anécdota, tal vez del instituto,
alguno de esos días que en la memoria
guardas como estiércol, para abonar
con mierda vieja el jardín de tu asco al mundo,
tírate al sofá (no te tires a nadie)
a ver la tele, deja que el tiempo pase,
deja que agosto haga su trabajo,
deja que la incomodidad te empape. Continuar leyendo

EL DERECHO AL PLACER de Alejandro J. Plaza

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el derecho al placerEl día que me matasteis os oí entrar por la puerta. Escuché como cuchicheabais nerviosos en el salón. Entrasteis en el cuarto sigilosamente y os pusisteis uno a cada lado de la cama. Fingí que tenía los ojos cerrados cuando sacaste el cuchillo, y no hice ningún movimiento cuando la vi sacar del bolso aquel frasco tapado con un pañuelo. Aunque supuse que un tapón así no es para evitar que se desbrave el espumoso.

Sentí cuando pusiste tu mano en mi boca, esa mano que tantas veces me acarició y supo desenvolverse tan hábilmente en mi sexo. El dolor del cuchillo atravesando mi abdomen, desgarrándome por dentro, no fue nada en comparación con el día que supe que eras feliz en la alcoba de otra, el día de mi primera muerte. Traté de resistir el instinto de mi propio cuerpo por sobrevivir y recibí tus puñaladas en silencio. Incluso observé como esa fulana me rociaba y prendía fuego a mi vida. No dije nada porque sabía que cuando acabarais, brindarías con un Jerez. Nadie tiene derecho a quitarte ese placer.