Matanza en el Congreso ¡Gratis!

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1Un thriller de acción en el que unos manifestantes logran entrar en el Congreso de los Diputados de España y entonces…sucede algo. Gore, sadismo extremo e intriga te atraparán en un parlamento convertido en matadero. Gratuito.

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EL DERECHO AL PLACER de Alejandro J. Plaza

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el derecho al placerEl día que me matasteis os oí entrar por la puerta. Escuché como cuchicheabais nerviosos en el salón. Entrasteis en el cuarto sigilosamente y os pusisteis uno a cada lado de la cama. Fingí que tenía los ojos cerrados cuando sacaste el cuchillo, y no hice ningún movimiento cuando la vi sacar del bolso aquel frasco tapado con un pañuelo. Aunque supuse que un tapón así no es para evitar que se desbrave el espumoso.

Sentí cuando pusiste tu mano en mi boca, esa mano que tantas veces me acarició y supo desenvolverse tan hábilmente en mi sexo. El dolor del cuchillo atravesando mi abdomen, desgarrándome por dentro, no fue nada en comparación con el día que supe que eras feliz en la alcoba de otra, el día de mi primera muerte. Traté de resistir el instinto de mi propio cuerpo por sobrevivir y recibí tus puñaladas en silencio. Incluso observé como esa fulana me rociaba y prendía fuego a mi vida. No dije nada porque sabía que cuando acabarais, brindarías con un Jerez. Nadie tiene derecho a quitarte ese placer.

LA PALABRA de Alejandro J. Plaza

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gobierno neoliberalEn el mundo de la vergüenza, los invencibles creyeron quitar todo a los vencidos. Les arrebataron su sustento, se apoderaron de su riqueza y se adueñaron de su historia y de su hogar. Los invencibles encadenaron su libertad, hipotecaron el futuro de sus hijos y les robaron hasta la misma vida. Durante un largo tiempo disfrutaron su dominio, pero en su ignorancia cometieron un error, pues no pudieron apropiarse de todas las posesiones de los vencidos. La última de ellas, un arma de destrucción masiva, aniquiló a los invencibles como un virus terminal. Fue esa palabra, escrita en todas partes.

EL DULCE POSTRE de Alejandro J. Plaza

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el dulce postre-Deja el ordenador en el suelo- escribió ella en el portátil que Tomás había llevado a la cama. El joven acató la orden transcrita y posó levemente la computadora en un cojín. Con unas sonrisas, empezaron súbitamente a manosearse y a frotar sus genitales como dos caracoles en rito de apareamiento. Continuar leyendo